La nueva película de Hirokazu Kore-eda me provocó unas lágrimas dos o tres veces. Quizá porque ya estoy en la época de que mi reloj biológico suena y me proyecté en la familia que aún no tengo. Por supuesto que me pregunté, ¿qué haría yo?
La película dejó un gran impacto en mí, porque me parece un tema bastante complicado y la actuación de los protagonistas es de hecho sumamente estoica. Me pregunto también si es la cuestión cultural e incluso la manera de hacer cine. Me gustó porque es un drama, pero sin actuaciones dramáticas y eso no evitó sentir la historia como propia.
Supongo que así debe ser el buen cine, que toque esas fibras sensible y te deje pensando; al final es arte y el buen arte irrumpe con fuerza en la vida del espectador.
La gran cuestión aquí es, ¿cambiarías a tu hijo después de saber que no es tu hijo de sangre?
¿Qué implica ser un padre, qué define los lazos de familia, qué es un "verdadero" hijo o padre, o familia?
Dos familias muy diferentes confrontan los retos de definir el amor y los lazos fraternales.
Ryota, el hombre exitoso y con dinero, se replantea la vida que lleva y su posición como padre.
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